El aparato consistía en un mástil colocado en un lugar preminente (en París se colocó en el propio Palacio del Louvre) y en su parte superior tenía un travesaño que podía girar sobre su eje central, debidamente gobernado por una polea. El travesaño (que se denominaba regulador) tenía, a su vez, en cada uno de sus extremos sendos travesaños menores, que también podían girar sobre sus ejes, gobernados cada uno de ellos por su respectiva polea. Estos travesaños menores se denominaban indicadores.
Cada polea podía hacer que reguladores e indicadores tomaran posiciones diferentes, a cada una de las cuales se le asignaba un significado. Pero tales posiciones debían ser lo suficientemente diferentes para que no pudieran confundirse unas con otras. Por ello Chappe las redujo a las diferenciadas por ángulos de 45º.
En realidad sólo utilizaba dos posiciones del regulador para confeccionar el código, de forma que éste se formó basándose en las combinaciones que proporcionaban los indicadores. Como éstos podían tomar ocho posiciones, separada cada una 45º, incluso prescindiendo de aquella en la que el indicador se solapaba con el regulador, quedaban 7 x 7 = 49 combinaciones útiles, que con las dos posiciones del regulador se convertían en 49 x 2 = 98 combinaciones.
En 1792 se enviaron con éxito los primeros mensajes entre París y Lille. En 1794 se informó a París, por vía telegráfica, de la captura de Condé-sur-l'Escaut, (hasta entonces en poder de los austríacos), menos de una hora después del acontecimiento. Rápidamente se construyeron otras líneas, incluida la París-Toulon. El sistema, copiado ampliamente en otros países europeos, fue usado por Napoleón para coordinar el imperio y el ejército.
En 1793 se le concede, en Francia, el primer título mundial de ingeniero telegrafista como reconocimiento a sus trabajos: poner en funcionamiento casi 5000 kilómetros de estaciones repetidoras de signos gráficos y darles el nombre de telégrafo.
En 1805, Claude se suicidó tirándose a un pozo en su hotel de París. En aquellos momentos atravesaba una depresión por enfermedad, y por las demandas ante rivales que habían plagiado su modelo de telégrafo óptico militar.
En 1824 Ignace, su hermano, intentó aumentar el interés en el uso del telégrafo óptico empleándolo para la transmisión de mensajes comerciales a precios asequibles. Sin embargo, la comunidad empresarial se resistió a esta propuesta.
Durante los cincuenta años que duró el uso del telégrafo de Chappe, se emplearon diversos sistemas de codificación, desde un primitivo alfabético, desechado rápidamente por su lentitud, hasta varios compendiados en diccionarios que permitían cifrar un número finito de expresiones. El que tuvo mayor éxito parece que fue el que se componía de 92 páginas, de 92 palabras por página, es decir, 92 x 92 = 8.464 expresiones, que se seleccionaban con sólo dos signos (uno para indicar la página y otro para la expresión). Las seis expresiones que no se utilizaban en el código (98 - 92 = 6) se empleaban como complemento en la confección de los textos.
En 1846 el gobierno francés se inclinó por un nuevo medio de comunicación, el telégrafo eléctrico. En aquel momento muchos intelectuales advirtieron de la debilidad del nuevo sistema, ya que un cable telegráfico podía sabotearse fácilmente cortándolo.
El telégrafo óptico de Chappe tiene un papel relevante en la obra de Alejandro Dumas El conde de Montecristo, en la que el conde soborna a un operador descontento para que envíe un mensaje falso.
El aparato consistía en un mástil colocado en un lugar preminente (en París se colocó en el propio Palacio del Louvre) y en su parte superior tenía un travesaño que podía girar sobre su eje central, debidamente gobernado por una polea. El travesaño (que se denominaba regulador) tenía, a su vez, en cada uno de sus extremos sendos travesaños menores, que también podían girar sobre sus ejes, gobernados cada uno de ellos por su respectiva polea. Estos travesaños menores se denominaban indicadores.
ResponderEliminarCada polea podía hacer que reguladores e indicadores tomaran posiciones diferentes, a cada una de las cuales se le asignaba un significado. Pero tales posiciones debían ser lo suficientemente diferentes para que no pudieran confundirse unas con otras. Por ello Chappe las redujo a las diferenciadas por ángulos de 45º.
En realidad sólo utilizaba dos posiciones del regulador para confeccionar el código, de forma que éste se formó basándose en las combinaciones que proporcionaban los indicadores. Como éstos podían tomar ocho posiciones, separada cada una 45º, incluso prescindiendo de aquella en la que el indicador se solapaba con el regulador, quedaban 7 x 7 = 49 combinaciones útiles, que con las dos posiciones del regulador se convertían en 49 x 2 = 98 combinaciones.
En 1792 se enviaron con éxito los primeros mensajes entre París y Lille. En 1794 se informó a París, por vía telegráfica, de la captura de Condé-sur-l'Escaut, (hasta entonces en poder de los austríacos), menos de una hora después del acontecimiento. Rápidamente se construyeron otras líneas, incluida la París-Toulon. El sistema, copiado ampliamente en otros países europeos, fue usado por Napoleón para coordinar el imperio y el ejército.
En 1793 se le concede, en Francia, el primer título mundial de ingeniero telegrafista como reconocimiento a sus trabajos: poner en funcionamiento casi 5000 kilómetros de estaciones repetidoras de signos gráficos y darles el nombre de telégrafo.
En 1805, Claude se suicidó tirándose a un pozo en su hotel de París. En aquellos momentos atravesaba una depresión por enfermedad, y por las demandas ante rivales que habían plagiado su modelo de telégrafo óptico militar.
En 1824 Ignace, su hermano, intentó aumentar el interés en el uso del telégrafo óptico empleándolo para la transmisión de mensajes comerciales a precios asequibles. Sin embargo, la comunidad empresarial se resistió a esta propuesta.
Durante los cincuenta años que duró el uso del telégrafo de Chappe, se emplearon diversos sistemas de codificación, desde un primitivo alfabético, desechado rápidamente por su lentitud, hasta varios compendiados en diccionarios que permitían cifrar un número finito de expresiones. El que tuvo mayor éxito parece que fue el que se componía de 92 páginas, de 92 palabras por página, es decir, 92 x 92 = 8.464 expresiones, que se seleccionaban con sólo dos signos (uno para indicar la página y otro para la expresión). Las seis expresiones que no se utilizaban en el código (98 - 92 = 6) se empleaban como complemento en la confección de los textos.
En 1846 el gobierno francés se inclinó por un nuevo medio de comunicación, el telégrafo eléctrico. En aquel momento muchos intelectuales advirtieron de la debilidad del nuevo sistema, ya que un cable telegráfico podía sabotearse fácilmente cortándolo.
El telégrafo óptico de Chappe tiene un papel relevante en la obra de Alejandro Dumas El conde de Montecristo, en la que el conde soborna a un operador descontento para que envíe un mensaje falso.